La era del «take, make, dispose» (coger, usar, tirar) está llegando a su fin. Desde las montañas de residuos a los recursos que están desapareciendo, la economía lineal ha llegado a su límite. Es la hora de la economía circular: un punto de inflexión en el que los productos se fabrican para durar, los materiales circulan sin fin y los residuos se convierten en riqueza.
Al volante de esta revolución se encuentran los expertos del comité ISO/TC 323, Economía circular, que desarrollan normas que hacen que la circularidad sea práctica, cuantificable y escalable a través de todos los sectores y fronteras.
Su innovador trabajo ha obtenido la mayor distinción de ISO, el Premio de Liderazgo Lawrence D. Eicher (LDE) de 2025, un tributo al espíritu de la cooperación global. Este premio se entregará a Catherine Chevauché, presidenta de ISO/TC 323, en la Reunión anual de ISO en Kigali, Ruanda, del 6 al 10 de octubre de 2025.
De los residuos a la riqueza
La economía circular ha pasado a ser una prioridad para los gobiernos, las industrias y las comunidades de todo el mundo. Hasta hace poco, lo que realmente significaba –y cómo lograrlo– se interpretaba de maneras muy diferentes. ISO ha ayudado a llenar ese vacío. «Las Normas Internacionales son cruciales para forjar el consenso mundial sobre la economía circular. Proporcionan un idioma común, un objetivo compartido y unos cimientos fuertes sobre los que construir el progreso», puntualiza Catherine Chevauché.
El trabajo de ISO/TC 323 ya está influyendo en políticas y estrategias comerciales de todo el mundo. Los gobiernos están recurriendo a las normas ISO para dar forma a las hojas de ruta nacionales en materia de economía circular, mientras que las empresas están adoptándolas para rediseñar las cadenas de suministro, evaluar los ciclos de vida de los productos e informar sobre el rendimiento de sostenibilidad.
Las Normas Internacionales son cruciales para forjar el consenso mundial sobre la economía circular.
Razones para el optimismo
Al poner la colaboración en la base, el comité ha demostrado la manera en que enfoques diferentes –desde los líderes del sector hasta las pequeñas empresas, tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo– pueden transformarse en un marco coherente y viable.
Por ese motivo este reconocimiento es importante. No se trata únicamente de celebrar los logros de un comité, sino de destacar una senda de desarrollo en la que la prosperidad y la sostenibilidad se refuerzan mutuamente en lugar de entrar en competición.
Mientras que Catherine Chevauché y su equipo se preparan para recibir este premio en Kigali, el mensaje es claro: la economía circular ya no es una visión lejana. Con las Normas Internacionales para orientarnos, ya está tomando forma. Y eso es un motivo para ser optimistas.