El camino por delante: cómo los coches autónomos están cambiando la forma en que viajamos

Imagine enviar su coche a hacer recados mientras usted se relaja en casa. Se acabaron las prisas para ir a hacer la compra, hacer malabarismos con los horarios para llevar a los niños a la escuela o reorganizar su día para ir al veterinario. Los coches autónomos no solo son sinónimo de comodidad, sino que también le permiten recuperar su tiempo.

No obstante, hablemos del panorama general. Los denominados vehículos autónomos podrían suponer un cambio revolucionario para la accesibilidad. Para millones de personas con discapacidad, prometen una nueva independencia, eliminando las barreras a la movilidad y facilitando el transporte diario. Luego está el impacto ambiental. ¿Son eléctricos los coches autónomos? Muchos lo son y, cuando se combinan con la tecnología de los vehículos autónomos y los vehículos compartidos, podrían dar lugar a ciudades más limpias, ecológicas y eficientes.

Y no nos olvidemos de la seguridad. Al eliminar los errores humanos, la tecnología de los vehículos autónomos tiene el potencial de hacer que las carreteras sean mucho más seguras. Entonces, ¿tiene todo listo para sumarse a esta revolución? Con menos automóviles, menos contaminación y ciudades más limpias, el futuro de los coches autónomos es prometedor, tanto para las personas como para el planeta.

Vehículos autónomos frente a coches autónomos

Ya ha oído los rumores: los coches autónomos son el futuro del transporte. Pero, un momento, ¿no son lo mismo que los vehículos autónomos? La gente suele utilizar ambos términos indistintamente y, para ser justos, en la mayoría de los casos son sinónimos. Ambos describen vehículos que pueden funcionar sin un humano al volante. «Conducción autónoma» es un término que se escucha a diario en los titulares y en las conversaciones del día a día. Suena a un vehículo personal que recorre la ciudad mientras nosotros nos relajamos. «Autónomo» suena más técnico: un cajón de sastre para vehículos con distintos niveles de independencia. Sin embargo, he aquí la sorpresa: el sector no lo utiliza realmente.

Los profesionales se refieren en cambio a la «automatización total de la conducción». Según la norma ISO/SAE PAS 22736, la norma que establece las definiciones oficiales para este campo, «autónomo» es un término engañoso. Implica un vehículo que puede tomar todas las decisiones por sí mismo, sin ninguna aportación externa. En realidad, incluso los sistemas más avanzados dependen de rutas cartografiadas, zonas definidas y flujos constantes de datos de sensores para funcionar.

Dicho esto, «vehículos autónomos» sigue siendo la expresión que reconoce el público, y es la que utilizaremos a lo largo de este artículo. Porque, aunque todos los coches autónomos forman parte de esta evolución (y el término «autónomo» se utiliza a menudo para describirlos), son la tecnología de conducción automatizada y las normas que la definen los encargados de trazar el camino por recorrer.

¿Qué es un vehículo autónomo?

Entonces, ¿qué es exactamente un vehículo autónomo? En términos simples, es un coche que se conduce solo, sin manos en el volante ni ojos en la carretera. Mediante una combinación de cámaras, sensores, GPS e inteligencia artificial avanzada, estos vehículos pueden circular por las calles, evitar obstáculos, respetar plenamente las normas de tráfico e incluso tomar decisiones en décimas de segundo, todo ello sin intervención humana.

Imagíneselo como si tuviera un chófer muy concentrado las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Uno que nunca se cansa, se distrae ni se frustra en el tráfico. Gracias a los rápidos avances en la tecnología de los vehículos autónomos, estos sistemas inteligentes pueden analizar su entorno en tiempo real y reaccionar más rápido que cualquier humano. Ya no es ciencia ficción, es la base de una forma más inteligente y segura de moverse por el mundo.

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Seis pasos hacia la autonomía

Entonces, exactamente, ¿qué es un vehículo autónomo? Básicamente, es un automóvil que puede llevarlo del punto A al punto B sin intervención humana, incluso en carreteras que no han sido adaptadas para un uso autónomo. Ese es el futuro de los coches autónomos, pero aún no hemos llegado a ese punto. Según la norma ISO/SAE PAS 22736, existen seis niveles de automatización de la conducción, que van desde el cero (sin automatización) hasta la autonomía total, en la que el coche hace todo, en todas partes y por sí solo.

  1. Nivel 0 – Sin automatización: el conductor es totalmente responsable de todas las tareas de conducción, aunque algunos sistemas pueden ofrecer advertencias.
  2. Nivel 1 – Asistencia al conductor: el vehículo puede ayudar con la dirección o la aceleración/deceleración mediante funciones como el control de crucero adaptativo, pero el conductor debe permanecer en el asiento del conductor.
  3. Nivel 2 – Automatización parcial: el automóvil puede controlar simultáneamente la dirección y la aceleración en determinadas condiciones, aunque el conductor debe permanecer atento y listo para intervenir.
  4. Nivel 3 – Automatización condicional: el vehículo puede realizar la mayoría de las tareas de conducción en condiciones específicas; sin embargo, la intervención humana sigue siendo necesaria cuando el sistema lo solicita.
  5. Nivel 4 – Automatización alta: el coche puede realizar todas las tareas de conducción en la mayoría de los ambientes sin aportación humana, pero el control manual aún puede ser una opción.
  6. Nivel 5 – Automatización total: el vehículo funciona de forma totalmente autónoma en todas las condiciones, sin necesidad de volante ni intervención por parte del conductor.

¿Cómo funcionan los vehículos autónomos?

¿Alguna vez se ha preguntado cómo un coche autónomo «ve» realmente la carretera? Todo se reduce a una potente combinación de sensores e IA que trabaja entre bastidores.

Este es el desglose:

  • Los radares rebotan ondas de radio en objetos cercanos para medir su velocidad y distancia, lo que resulta perfecto para detectar otros vehículos, incluso a través de la niebla o la lluvia.
  • Las cámaras actúan como los ojos del automóvil, reconociendo las marcas de los carriles, los semáforos, los peatones y las señales de tráfico con una precisión extraordinaria.
  • El LiDAR (detección y medición por luz, por sus siglas en inglés) emite pulsos láser para crear mapas 3D detallados del ambiente, lo que ayuda a los automóviles a detectar incluso los obstáculos más pequeños con una precisión milimétrica.

Estos sensores de alta tecnología escanean constantemente el mundo que rodea al vehículo y envían un flujo de datos en tiempo real a la computadora a bordo. Ahí es donde ocurre la magia. Mediante algoritmos avanzados, este cerebro digital procesa todo en milisegundos, analizando el ambiente, prediciendo movimientos y tomando decisiones sobre la dirección, el frenado y la aceleración.

¿Utilizan IA los coches autónomos?

Por supuesto, pero no de la forma que la mayoría de la gente piensa. La IA es una parte fundamental de la tecnología de los vehículos autónomos, pero no «conduce» el coche ni toma decisiones espontáneas en la carretera. En cambio, la IA se utiliza para capacitar y mejorar los sistemas que sí lo hacen. Piense en la IA como un entrenador entre bastidores, que enseña al cerebro del vehículo, conocido como ADAS (sistema avanzado de asistencia al conductor, por sus siglas en inglés), a interpretar el mundo que le rodea.

La IA se utiliza para procesar grandes cantidades de datos durante la capacitación, lo que ayuda a la tecnología de los vehículos autónomos a aprender a reconocer patrones, como peatones, señales de tráfico o marcas en la carretera. Sin embargo, cuando se trata de tomar decisiones al volante, la lógica preprogramada del ADAS toma el control, siguiendo estrictos protocolos de seguridad y comportamientos predecibles.

Eso no hace que la tecnología sea menos impresionante. De hecho, la IA está impulsando algunas de las tendencias tecnológicas de los vehículos autónomos más interesantes en la actualidad. A través del aprendizaje continuo, los vehículos perciben mejor su entorno, lo que se traduce en una navegación más inteligente, una mayor seguridad de los coches autónomos y un desempeño más fluido en condiciones reales. La inteligencia está creciendo, aunque no sea la que está al volante.

¿Son eléctricos los coches autónomos?

El futuro del transporte es eléctrico, y los coches autónomos están liderando esa tendencia. Muchos de los vehículos autónomos actuales combinan inteligencia artificial de vanguardia con energía limpia, creando de esta forma una alternativa más inteligente y ecológica a los automóviles tradicionales que funcionan con combustible.

¿Por qué eléctricos? Porque es la combinación perfecta. La tecnología de los vehículos autónomos funciona mejor con coherencia y precisión, y eso es precisamente lo que ofrecen los vehículos eléctricos (VE). Con menos piezas móviles y sin motor de combustión, los vehículos eléctricos ofrecen un desempeño más fluido, menos mantenimiento y costos operacionales reducidos. Además, por supuesto, son mucho mejores para el planeta, ya que reducen las emisiones y ayudan a limpiar el aire.

Sin embargo, las ventajas no terminan aquí. Los vehículos eléctricos autónomos pueden optimizar las rutas, reducir el tráfico y disminuir el uso de la energía, todo ello en tiempo real. No se trata solo de ir desde A hasta B. Se trata de remodelar las ciudades para convertirlas en espacios más limpios y eficientes, construidos para el futuro.

Cómo los coches autónomos pueden mejorar su vida

Los coches autónomos no solo están cambiando nuestra forma de desplazarnos, sino que están transformando las ciudades, las economías y la vida diaria. Desde la seguridad y la comodidad hasta la accesibilidad y la sustentabilidad, la tecnología de los vehículos autónomos está transformando silenciosamente la forma en que nos desplazamos.

He aquí algunos aspectos destacados:

  • Mayor seguridad: la mayoría de los accidentes de tráfico se deben a errores humanos: distracciones, fatiga y malas decisiones. Con datos en tiempo real y reacciones ultrarrápidas, los vehículos pueden detectar peligros y responder más rápido que cualquier humano, lo que mejora drásticamente la seguridad de los coches autónomos.
  • Mayor eficiencia: estos coches no solo conducen: se anticipan. Al ofrecer conectividad inteligente y comunicación entre vehículos, coordinan el movimiento, reducen los atascos y optimizan el flujo en tiempo real. Pocos atascos. Menos estrés. Más tiempo libre en su día.
  • Mejora de la accesibilidad: los coches autónomos ofrecen una nueva libertad a quienes tradicionalmente han quedado excluidos: las personas mayores, las personas con discapacidad y cualquiera que no pueda conducir. Con una movilidad confiable e independiente, los vehículos autónomos amplían el acceso al transporte en áreas desatendidas y mejoran la calidad de vida.
  • El transporte como servicio: olvídese de ser propietario de un automóvil. En un futuro próximo, podrá solicitar coches autónomos bajo demanda, listos para llevarle a donde necesite ir. Sin llaves, sin aparcamientos, sin complicaciones. Este cambio hacia la movilidad compartida significa menos automóviles en las carreteras, más espacio en nuestras ciudades y una forma más inteligente y flexible de desplazarse.

Obstáculos para la autonomía total

Se suponía que los coches autónomos ya dominarían las carreteras, o al menos eso creíamos. La verdad es que la automatización total de la conducción aún está lejos de ser una realidad. A pesar de los enormes avances tecnológicos, aún quedan algunos desafíos que ni siquiera la IA más inteligente ha podido resolver.

Esto es lo que impide que los automóviles sin conductor se generalicen:

  • Preocupaciones por la seguridad: la IA puede procesar datos en milisegundos, pero aún tiene dificultades con lo inesperado, como los peatones imprudentes, los conductores erráticos o los cambios repentinos en la carretera. Hasta que la seguridad de los coches autónomos pueda hacer frente a todas las situaciones, la confianza seguirá siendo un obstáculo importante.
  • Mal tiempo: los vehículos autónomos dependen de sensores, cámaras y LiDAR para «ver» la carretera, pero si llueve intensamente, nieva o hay niebla, su visión se vuelve borrosa rápidamente. A diferencia de los seres humanos, que se adaptan por instinto, la IA tiene más dificultades para desenvolverse en condiciones climáticas extremas.
  • Costos elevados: la tecnología de última generación no es barata. Desde los sensores hasta la potencia de procesamiento, los vehículos totalmente autónomos tienen precios elevados, lo que ralentiza su adopción generalizada.
  • Ambigüedades legales: cuando un coche autónomo tiene un accidente, ¿quién es el responsable: el fabricante, el desarrollador del software o el propietario del vehículo? Sin una orientación clara en este ámbito, la responsabilidad sigue siendo una gran incógnita, y esa incertidumbre está ralentizando los avances.

Modelamos el futuro de los coches autónomos

Todavía no existe ningún vehículo autónomo de nivel 5, uno que pueda circular por cualquier carretera, en cualquier condición meteorológica y en cualquier situación sin que un humano tenga que ponerse al volante. Los coches autónomos actuales son impresionantes, pero aún se encuentran en fase experimental y tienen limitaciones claras que deben resolverse antes de que se generalicen. Para garantizar la seguridad de los coches autónomos y su confiabilidad a largo plazo, el sector necesita normas claras, regulaciones más estrictas y ensayos en condiciones reales que no dejen ningún punto ciego.

Ahí es donde entran en juego las Normas Internacionales. La norma ISO 22737 es el primer punto de referencia mundial diseñado específicamente para vehículos autónomos, que establece las reglas básicas para que su desarrollo sea seguro, coherente y siga el curso previsto.

Algunos de sus requisitos clave son:

  • Límites de velocidad para vehículos LSAD: los sistemas de conducción automatizada a baja velocidad (LSAD, por sus siglas en inglés) deben tener una velocidad máxima de 32 km/h (20 mph) para mantener sus movimientos controlados y predecibles, especialmente en zonas con gran afluencia de peatones.
  • Detección de peatones y ciclistas: los vehículos autónomos deben ser capaces de reconocer a las personas y a los ciclistas, incluso cuando están parcialmente ocultos, para reducir el riesgo de accidentes en entornos urbanos con mucho tráfico.
  • Dominios operacionales definidos: los fabricantes deben describir claramente el ámbito de diseño operacional del vehículo, especificando exactamente dónde y cuándo puede funcionar con seguridad, ya sea al girar a la izquierda, conducir de noche o circular bajo lluvia intensa.

Además de la norma ISO 22737, otros marcos adicionales, como la norma ISO 34503, ofrecen orientación sobre la gestión de la seguridad a lo largo de todo el ciclo de vida de la tecnología de los vehículos autónomos, desde su desarrollo hasta su implementación. En conjunto, estas normas sientan las bases para un futuro en el que los coches autónomos no solo sean eficientes e innovadores, sino también confiables y dignos de la confianza del público.

  • ISO/SAE PAS 22736 Taxonomy and definitions for terms related to driving automation systems for on-road motor vehicles
  • ISO 22737 Intelligent transport systems — Low-speed automated driving (LSAD) systems for predefined routes
  • ISO 34503 Road vehicles — Test scenarios for automated driving systems

El camino hacia la autonomía total

El futuro de los coches autónomos se está desarrollando en tiempo real. Con cada kilómetro recorrido, la IA se vuelve más inteligente: aprende, se adapta y se acerca cada vez más a la autonomía total. En un futuro no muy lejano, veremos autobuses eléctricos autónomos que cubrirán las carencias del transporte público, especialmente en las zonas suburbanas donde los autobuses y los trenes no llegan. Estos vehículos impulsados por IA no solo cubrirán carencias, sino que remodelarán la movilidad urbana, al ofrecer un transporte confiable y bajo demanda que conectará a las comunidades como nunca antes.

Sin embargo, aún queda trabajo por hacer. Vehículos averiados, semáforos rotos, obras imprevistas, comportamiento humano impredecible... Estas son las variables del mundo real contra las que la IA sigue peleando. Si bien los vehículos autónomos pueden circular sin problemas por ambientes controlados, navegar por la caótica realidad de las calles de las ciudades sigue siendo la última frontera. La tecnología avanza rápidamente, pero la autonomía total implica dominar las complejidades de la conducción actual, no solo el código de

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