Por Ruth Akiiki Komuntale,
Directora general, ECOCA East Africa
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En los países en desarrollo, la cocina limpia se ha tratado durante mucho tiempo como una cuestión secundaria, relegada al acceso a la energía, ignorada en la financiación climática y frecuentemente descartada por ser demasiado «local» para poder aplicarse a otros niveles. Pero esta es la realidad: cocinar nos está matando. Y a menos que cambiemos el modo en qué suministramos energía a la actividad humana más básica –la elaboración de las comidas– no lograremos nuestros objetivos mundiales de salud, clima y desarrollo.
En toda África, más de 900 millones de personas siguen utilizando el carbón, la leña o los desperdicios de animales para cocinar. Y no es tan solo inapropiado, sino que puede ser mortal. Según el Banco Mundial, esta dependencia provoca aproximadamente 490 000 muertes prematuras al año, principalmente entre mujeres y niños. El humo generado al cocinar en interiores con fuego ahoga silenciosamente a las familias, provocando enfermedades respiratorias, daños oculares y afecciones cardiacas.
El coste económico es igual de grave. Se estima que los países africanos pierden USD 37 000 millones como consecuencia de los costes sanitarios, la reducción de la productividad y el deterioro medioambiental asociado a la cocina tradicional. Y la brecha se hace cada vez mayor.
Debemos dejar atrás la idea preconcebida de que la cocina limpia es un asunto «menor». No hay nada menor en cientos de miles de muertes al año, ni en aproximadamente USD 37 000 millones de pérdidas económicas.
La arquitectura invisible del cambio
El cambio es posible. El informe de 2025 de la Agencia Internacional de la Energía, Universal Access to Clean Cooking in Africa, demuestra que el continente puede lograr el acceso universal a la cocina limpia de aquí a 2040 si actuamos ya. Las tecnologías ya existen: sistemas de cocina solares eléctricos, gas licuado de petróleo, biogás, estufas de biomasa mejoradas y ollas a presión eléctricas. Lo que falta es la escala y la estructura.
En ECOCA East Africa, donde trabajo como directora general, suministramos sistemas de cocina domésticos e institucionales alimentados con energía solar a comunidades sin conexión a la red eléctrica y desatendidas. Nuestros dispositivos electrodomésticos ECOCA para cocinar son sistemas fotovoltaicos completos que incluyen paneles solares, un generador solar, ollas, luces LED, puertos USB y baterías de reserva. Permiten a familias de cinco a siete personas sin acceso a la red eléctrica preparar tres comidas al día, iluminar sus hogares y cargar pequeños dispositivos como teléfonos móviles. Estos sistemas reducen la contaminación del aire en interiores, suprimen la necesidad de recoger leña y permiten que las mujeres y niñas pasen más tiempo en las escuelas, en el trabajo o sencillamente descansando.
Nuestras cocinas electro-solares para instituciones permiten a las escuelas y otras instituciones sin acceso a la red eléctrica cocinar sus comidas con electricidad 100% solar, a la vez que proporcionan agua potable y energía fiable para ordenadores y laboratorios. Para las instituciones conectadas a la red, las cocinas ECOCA conectadas a la red proporcionan cocinas de alta eficiencia para servir comidas a cientos o incluso miles de personas, liberando así recursos valiosos que se pueden reinvertir en el desarrollo de la institución y de su personal.
Pero la tecnología por sí sola no aportará el cambio. Hacer que la innovación tenga un impacto real requiere normas. Las Normas Internacionales son la arquitectura invisible que hacen posible la inversión pública, atraen al capital privado y protegen al usuario final. Para la cocina limpia, las normas se traducen en confianza. Significan escala. Y, en última instancia, significan supervivencia.
En toda África, más de 900 millones de personas siguen utilizando el carbón, la leña o los desperdicios de animales para cocinar.
Cuando las normas se convierten en salvavidas
Este mes de octubre, intervendré en la Reunión anual de ISO 2025 en Kigali, Ruanda, como participante en la sesión «El negocio del impacto: transformar las necesidades en oportunidades». Se centra en cómo las Normas Internacionales pueden servir no tan solo a la industria, sino a la gente, las comunidades y la sociedad en general.
Las normas pueden percibirse frecuentemente como abstractas. Pero en el mundo de la cocina limpia, son la diferencia entre un producto que salva vidas y otro que funciona incorrectamente y destruye casas con incendios. Determinan lo que los gobiernos financian, a lo que las agencias de desarrollo ofrecen apoyo y lo que los fabricantes introducen en el mercado.
En lugares como Uganda, donde ECOCA desarrolla su actividad, la cocina limpia sigue siendo vista por muchos como un lujo. Debemos convertirla en la referencia. Esto es únicamente posible cuando la cooperación internacional, tal como se constata con ISO, ofrece apoyo a las normas que garantizan la calidad y asequibilidad, de manera que la gente puede adoptar las tecnologías limpias sin miedo o presión financiera.
No es tan solo un problema de cocina
No podemos hablar de cocinar sin hacer referencia al cambio climático. La deforestación provocada por la tala de árboles, las emisiones derivadas de la producción de carbón vegetal y el metano generado por la quema de biomasa contribuyen notablemente al calentamiento global. Por esos motivos, proteger los bosques y reducir las emisiones domésticas son dos de las formas más rápidas y asequibles de reducir las emisiones de carbono.
Con demasiada frecuencia, la cocina limpia se considera un «problema de mujeres». Sí, las mujeres y niñas asumen la carga de la exposición al humo y de horas perdidas para recolectar combustible. Pero eso no hace que sea su responsabilidad exclusiva. Esta transición debe ser inclusiva, incluyendo tanto a hombres como a mujeres. En ECOCA, hemos comprobado de primera mano cómo implicar a los hombres a nivel de los hogares y de las instituciones crea una adopción más sostenible y un cambio de comportamiento.
De los márgenes a la corriente principal
El sector de la cocina limpia por fin está cogiendo impulso. Grandes inversores, incluidos bancos de desarrollo y fondos climáticos, están tomando conciencia del poder transformador de las soluciones para cocinar. Pero el camino hasta el acceso universal requiere todavía voluntad política, cooperación internacional y asociaciones escalables. Sobre todo, requiere normas que permitan la alineación, la confianza y la calidad a través de los mercados.
Debemos trasladar la cocina limpia de los márgenes de la planificación política y empresarial al centro de las estrategias mundiales de desarrollo. Porque al invertir en cocinas limpias no encendemos únicamente los fogones, sino que alumbramos las posibilidades de los hogares, las comunidades y, en definitiva, de todo el mundo.
Y demostramos, de una vez por todas, que incluso las actividades humanas más básicas, como prepararse una comida, merecen la dignidad de la seguridad, la igualdad, la comodidad y la sostenibilidad.