Por el Dr. Sung Hwan Cho,
Presidente de ISO
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La Declaración de Seúl sobre Inteligencia Artificial marca un momento crucial en la gobernanza mundial de esta tecnología en rápida evolución. ISO, IEC e UIT –las tres mayores organizaciones internacionales de normalización del mundo– han articulado un marco común para un futuro de la IA abierto, inclusivo, sostenible, justo, seguro y protegido.
No se trata de una mera declaración de valores: representa un compromiso colectivo para garantizar que los sistemas tecnológicos que están transformando nuestras sociedades se desarrollen y se implementen de manera que refuercen la resiliencia global y promuevan el bienestar humano, especialmente ahora que el mundo enfrenta desafíos tales como sesgo de la IA, uso indebido, desinformación, información errónea, algoritmos opacos y otros riesgos emergentes que ningún país puede manejar en solitario.
Cuando comencé mi mandato como presidente de ISO en enero de 2024, hice hincapié en la necesidad de reforzar la posición de ISO para satisfacer las demandas de un mundo que cambia a marchas forzadas, desde los efectos cada vez más intensos del cambio climático hasta el desarrollo acelerado de la IA. Hablamos de desafíos complejos, interconectados y globales.
En ese momento, la publicación de la primera norma internacional dedicada a los sistemas de gestión de la IA –ISO/IEC 42001– supuso algo más que un progreso técnico. Catalizó un muy necesario diálogo global acerca de cómo la humanidad debe conformar las tecnologías que condicionan cada vez más nuestras vidas.
Dos años después, este diálogo se antoja aún más urgente y trascendental que nunca, ya que las sociedades se enfrentan a resultados poco confiables, «deepfakes», vulnerabilidades de seguridad y un reparto desigual de los beneficios y las amenazas de la IA.
Configurar la tecnología para lograr un impacto social positivo
La IA está transformando las economías, las industrias y las comunidades, pero sus beneficios se materializarán solo si integramos la confianza, la transparencia y la responsabilidad en los sistemas que la gobiernan. Aquí es donde las normas desempeñan un papel esencial.
Las Normas Internacionales brindan claridad y coherencia en una era de profunda complejidad. Contribuyen a garantizar que la innovación se ajuste a las necesidades y los valores de la sociedad, que las tecnologías sean seguras e interoperables y que los países puedan coordinarse sin comprometer la diversidad. Las normas son los mecanismos que hacen posible la cooperación mundial a gran escala.
Sin embargo, la elaboración de normas para el mundo del mañana exige nuevas capacidades. Las herramientas digitales deben acelerar la colaboración: debemos perseguir una participación más amplia para incluir a las regiones y comunidades que históricamente estuvieron infrarrepresentadas en el proceso de desarrollo.
La Declaración de Seúl no representa un punto final, sino el comienzo de una nueva fase de cooperación mundial.
Alianzas como base del progreso
A lo largo de mi presidencia, el espíritu de alianza ha sido una prioridad definitoria. La gobernanza eficaz de la IA no es algo que una sola organización, un sector o una región puedan lograr en solitario. Se requiere un planteamiento global de múltiples partes interesadas, y uno capaz de enfrentar cuestiones como la gobernanza transfronteriza de los datos, las regulaciones fragmentarias, las amenazas crecientes a la ciberseguridad y el uso indebido de las herramientas generativas para difundir desinformación.
La Cumbre Internacional sobre Normas de la IA celebrada este año en Seúl puso de relieve el poder de la colaboración. Casi trescientos líderes de gobiernos, la industria, la sociedad civil y el mundo académico se reunieron para aunar esfuerzos ante los desafíos, compartir ideas e identificar vías para el desarrollo responsable de la IA.
La Declaración de Seúl entronca directamente con este espíritu de cooperación y compromete a nuestras organizaciones con cuatro acciones clave:
- Incorporar las consideraciones sociotécnicas en el desarrollo de las normas
- Fortalecer la conexión entre los derechos humanos y la tecnología
- Ampliar la participación mundial de múltiples partes interesadas
- Profundizar la colaboración público-privada para crear capacidades compartidas
Estos compromisos conforman una hoja de ruta práctica para un futuro digital más inclusivo y confiable.
Lecciones para el camino por recorrer
Cuando reflexiono acerca de mi etapa como presidente de ISO, me vienen a la mente varias lecciones: lecciones que marcarán el camino de la gobernanza mundial de la IA en los próximos años.
En primer lugar, es esencial una coordinación global. El impacto de la IA traspasa fronteras, sectores y disciplinas. Las Normas Internacionales son la única manera en que el mundo podrá lograr la armonización y la interoperabilidad.
En segundo lugar, la inclusión impulsa la resiliencia. Los sistemas de IA deben reflejar la diversidad de las sociedades a las que sirven. Una participación amplia conduce a resultados más sólidos, más aplicables y más legítimos, además de reducir el riesgo del sesgo de los sistemas y de una adopción mundial desigual.
En tercer lugar, los derechos humanos deben ser fundamentales: el progreso tecnológico debe promover la dignidad, la equidad y la privacidad, pero no como principios opcionales, sino como la base de la confianza en la IA, especialmente ahora que los sistemas cobran mayor autonomía e influencia.
Para poner en práctica estas tres lecciones y reforzar nuestra agilidad digital, necesitamos convertir los principios en acciones concretas, lo cual incluye armonizar el trabajo de normalización en todo el ecosistema mundial, ampliar la creación de capacidades para que todos los países puedan participar de manera significativa y utilizar herramientas digitales de última generación para acelerar la colaboración y seguir el ritmo de la innovación. Estas medidas prácticas serán esenciales si queremos garantizar que la cooperación internacional esté a la altura de la magnitud y la velocidad de los desafíos que se avecinan.
Una responsabilidad colectiva
Nuestro objetivo común es evidente: garantizar que la IA refuerce el potencial humano, amplíe las oportunidades y apoye unas sociedades más inclusivas y sostenibles.
Ahora que me preparo para entregar el testigo del liderazgo, lo hago con confianza en los sistemas y las alianzas que hemos forjado juntos. La Declaración de Seúl no representa un punto final, sino el comienzo de una nueva fase de cooperación mundial basada en la responsabilidad, la preparación digital y un propósito común.
Los desafíos que nos esperan son complejos, pero la oportunidad que se nos ofrece es importantísima. Si tenemos presentes en todo momento los valores humanos y el compromiso con la colaboración entre todas las partes, cohesionados en nuestra visión de un futuro mejor, podremos encaminar la transformación de la IA hacia resultados que beneficien a todos.
Ahora es el momento de actuar. Unidos.