Por qué la resiliencia de las infraestructuras ya no es una opción
A lo largo de tres décadas dedicadas a la respuesta ante desastres en todo el mundo, he observado con frecuencia una curiosa tendencia en el ser humano: la de descuidar los cimientos invisibles de nuestra seguridad. Prestamos una atención minuciosa a lo visible –la estética, el confort y la eficiencia de nuestras ciudades–, mientras relegamos la resiliencia invisible indispensable para que nuestras sociedades sigan funcionando cuando ocurre una catástrofe.