De la política a la práctica: por qué las normas son el eslabón perdido para acabar con la contaminación por plásticos

Por Catherine Chevauché,
Directora, Economía Circular, Veolia,
Presidenta del comité técnico de ISO sobre economía circular

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En un tranquilo pueblo pesquero de la costa de Bretaña, generaciones enteras han vivido del mar. Sin embargo, hoy en día, sus redes capturan algo más que peces. Entre ellos se encuentran fragmentos de plástico desechado: tapones de botellas, envoltorios de plástico o aparejos de pesca. La crisis ya no es algo lejano. Está en todas partes: en los alimentos que consumimos, el agua que bebemos e incluso el aire que respiramos.

Durante las próximas dos semanas, cuando los negociadores mundiales se reúnan en Ginebra para la segunda parte de la quinta sesión del Comité Intergubernamental de Negociación (INC-5.2), el mundo estará pendiente. Tras años de creciente presión, los gobiernos están trabajando para ultimar un tratado internacional sin precedentes destinado a acabar con la contaminación por plásticos. Es una oportunidad histórica; no obstante, las políticas por sí solas no salvarán nuestros océanos.

Si queremos tomarnos en serio la lucha contra la crisis del plástico, también debemos dotarnos de las herramientas necesarias que el cambio sea de verdad. Ahí es donde entran en juego las Normas Internacionales.

La fuerza silenciosa tras las soluciones de plástico

ISO lleva décadas desarrollando soluciones basadas en la ciencia e impulsadas por el consenso que respaldan la sostenibilidad. Tal vez las normas no sean noticias de primera plana, pero lo impulsan todo de forma silenciosa: desde la durabilidad de su taza de café reutilizable hasta la tecnología de clasificación de su planta de reciclaje local.

Hoy en día, el trabajo de ISO es más urgente que nunca. Desde la norma ISO 15270 sobre el reciclaje de plásticos hasta las normas para el etiquetado ambiental, la organización proporciona métodos concretos para reducir los residuos y aumentar la circularidad. El ISO/TC 323 sobre economía circular, comité que yo misma presido, ha estado trabajando en estrecha colaboración con comités técnicos sobre gestión de plásticos, embalajes y residuos para garantizar que nuestras normas reflejen la naturaleza interconectada de estos desafíos.

Al proporcionar marcos prácticos para la gestión de plásticos durante todo su ciclo de vida, desde el diseño del material y el etiquetado del producto hasta las declaraciones ambientales y de desempeño en materia de reciclaje, las normas ISO ayudan a prevenir y reducir los residuos desde su origen, refuerzan los sistemas de recogida y reutilización y aceleran la transición hacia una economía circular.

Afortunadamente, estas herramientas ya se están utilizando: orientan a las industrias para incorporar la circularidad en sus modelos empresariales, mejorar la trazabilidad y realizar un seguimiento de sus avances utilizando métricas comunes. Ya no estamos hablando de lo que podría funcionar. Se trata de soluciones probadas y aplicables que los países y las empresas ya pueden utilizar.

El tratado es solo el principio

El éxito del tratado global sobre plásticos dependerá de su implementación. Los países tendrán que convertir su ambición en leyes, infraestructura y prácticas empresariales, y tendrán que hacerlo rápidamente.

También aquí, las normas desempeñan un papel fundamental. Convierten objetivos de alto nivel en pasos accionables: medibles, verificables y alienados globalmente. Por ejemplo, si el tratado exige una menor producción, una reducción de los desechos de plástico o un mayor contenido reciclado, las normas pueden definir cómo se miden, reportan y verifican estos aspectos, garantizando así la coherencia entre fronteras y sectores.

La coherencia es clave. Sin ella, corremos el riesgo de acabar fragmentados: si cada país interpreta el tratado de una forma distinta, surgirán ineficiencias y vacíos legales. Las normas ofrecen un idioma común que conecta la política con la práctica, y la ambición con la responsabilidad.

Además, como ISO reúne a expertos de más de 170 países, incluidos gobiernos, sociedad civil, mundo académico y empresas, nuestras normas reflejan un verdadero consenso global, lo que las hace especialmente adecuadas para apoyar la implementación del tratado de una manera justa, inclusiva y eficaz.

Una victoria para las empresas y el planeta

Para la industria, las normas son algo más que una cuestión de cumplimiento normativo, son un catalizador de la innovación y la competitividad.

También aportan a las empresas la confianza de que sus productos, procesos y declaraciones de desempeño cumplen las expectativas mundiales. Reducen la duplicación, eliminan las barreras del mercado y ayudan a las empresas a invertir en soluciones escalables e interoperables. Es especialmente importante para pequeñas y medianas empresas, que pueden carecer de los recursos para desarrollar enfoques personalizados.

Por ejemplo, las normas sobre la economía circular ayudan a las organizaciones a agregar valor a sus recursos mediante el diseño circular, el abastecimiento sostenible, la simbiosis territorial y mucho más. Ayudan a preservar el valor de los recursos mediante prácticas como la reducción, la reutilización y la reparación y facilitan la recuperación del valor a través de estrategias de fin del ciclo de vida. De esta forma, permiten la transición de modelos empresariales lineales a modelos circulares, lo que abre la puerta a nuevas redes de valor y oportunidades laborales.

Además, como las normas ISO se basan en los avances científicos y en las prácticas recomendadas más actuales, ayudan a las empresas a mantenerse a la vanguardia, al tiempo que ahorran tiempo, costos y riesgos para su reputación.

Responsabilidad compartida, oportunidad compartida

Ahora que los negociadores se reúnen en el Palacio de las Naciones de Ginebra, les insto a que miren más allá de lo que dice el tratado y sopesen los andamios prácticos que hacen falta para convertir la ambición global en una realidad cotidiana. Los tratados articulan el «qué», las normas proporcionan el «cómo».

ISO está preparada, no solo con las soluciones existentes, sino con una plataforma probada e inclusiva para desarrollar otras nuevas basadas en el consenso científico y las necesidades globales reales. Como presidenta del ISO/TC 323, he visto de primera mano el poder transformador de la colaboración entre fronteras y sectores. Nuestro trabajo se apoya en el principio de que la circularidad no es un problema aislado, sino sistémico, y debemos afrontarlo como tal.

Podemos ayudar a salvar la brecha entre la voluntad política y las acciones prácticas, garantizando que el tratado no quede solo en papel, sino que transforme el modo en que las sociedades gestionan los plásticos más allá de las fronteras, los sectores y las generaciones.

Porque, en última instancia, hablamos de algo más que residuos de plástico. Estamos hablando de replantearnos nuestra relación con los materiales, la producción y el planeta. De diseñar economías que se regeneren en lugar de agotar. De asegurarnos de que un niño que vaya a la playa dentro de diez años vea conchas, y no botellas de un solo uso.

El tratado global sobre plásticos será un hito histórico. Sin embargo, que se convierta en un punto de inflexión depende de lo que suceda a continuación. Asegurémonos de que incluye las herramientas, la confianza y la tracción que necesita para alcanzar el éxito.

Y construyamos ese futuro juntos, norma a norma.

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